El León de Venecia -Free Sin Ilustraciones-

EL RELATO DE LARA

Sale el sol y comienza a calentar la planicie africana, Kenya es la superficie que alberga una infinidad de criaturas, entre ellas los leones.

Con la frescura del rocío en las hojas de las plantas, en la lejanía sobre la línea del horizonte, se distinguen avanzando cabizbajas, agotadas y frustradas, una leona madura y su cachorra, se trata de Lara y su hija Sasha.

Lara y Sasha van en busca de la manada de leones. La noche anterior resultó devastadoramente dolorosa. Lara muestra vestigios de lucha sobre su hermosa piel color champagne, ésta muestra ponzoñosas mordeduras y magulladuras, mientras que los ojos de Sasha desbordan de melancolía.

Después de una larga caminata al fin madre e hija logran incorporarse a un grupo de leonas, todas están impactadas por el aspecto desgarrador de ambos animales. Las hembras se acercaron expectantes, aguardando a que el relato saltara inmediatamente de su boca, pero la fatiga pudo más, y Lara, sintiendo la protección de sus compañeras, se desplomó rendida sobre el suelo, dispuesta a entregarse a un sueño reparador. Ninguna de las leonas osó hacer pregunta, se limitaron a formar un círculo para asegurar el resguardo de Lara en su descanso.

Lara al final de la tarde abrió sus hermosos ojos y se percató de cómo una hormiga transportaba una hoja que quintuplicaba su peso. Acto seguido se incorporó sobre sus patas y sacudió la cabeza, comenzó a lamer sus heridas, éstas son superficiales y no ponen en peligro la supervivencia de la leona.

Repentinamente los recuerdos la invadieron, cerró sus ojos y en la parte interior de sus parpados se proyectó la película de lo sucedido la noche anterior. El resto de las leonas esperaban el relato y Lara amparada por la vecindad de sus fraternas compañeras, nos las hizo esperar más.

– Ayer sucedió el evento más doloroso de toda mi vida –les dijo-. Salí en busca de un estanque para beber junto a mis dos cachorros Etienne y Sasha, nos sorprendió la noche, ya que la travesía al oeste nos llevó más lejos de lo esperado. Satisfechos por haber abastecido a nuestros cuerpos sedientos, tal maniobra vital nos arrojó a la nocturnidad en el camino de regreso a casa. Así, un grupo de no menos de quince hienas, nuestras despreciadas enemigas naturales, esas que parecen procreadas de un perro con una jirafa, nos asechaban.

– Sin notarlo –continuaba la historia Lara- nos rodearon y el grupo de hienas se aupaba mutuamente gimiendo chillidos como los que emiten los indios apaches dispuestos a la guerra. Paulatinamente como arpones sus mandíbulas intentaban mordernos y retirarse. Descubrí las garras de mis patas delanteras, me agazapé sobre el suelo y en mis fauces como cuatro estacas dejé ver mis colmillos blancos como el marfil. Con toda la ferocidad que mis energías me lo permitían comencé a repeler el ataque. Etienne y yo, dejamos a Sasha entre nosotros mientras contraatacábamos a cada hiena agresora, con el discurrir de la lucha el número de hienas se incrementó, estábamos perdidos, nuestra desaparición física podía firmarse. En ese instante giré la cabeza y miré un viejo tronco de árbol seco que de manera irregular hace un arco sobre el suelo, en el cual los dos extremos del arco se apoyan en la tierra, el tronco en su parte superior más elevada es inalcanzable para las hienas. Así que, gentilmente tomé entre mis fauces a Sasha y dí un salto hasta la base del tronco, una vez que mis patas traseras hicieron contacto con la base del tronco, como un sapo di otro salto hasta la cumbre más elevada del tronco en forma de arco. Algunas hienas intentaron seguirme, pero carecen del grado de agilidad necesario, así que quedaron por debajo en el suelo, dando saltos desesperados como perros cazadores tras una presa escurridiza abrazada a un árbol. Al instante bajé la mirada para ir por Etienne. Cuando noté el rostro de satisfacción de una hiena tuerta que lo arrastraba tomado por el lomo del cuello y que en la oscuridad de la noche lo llevaba hacia la muerte.

Etienne me miró con serenidad y dulzura en su rostro, cerró sus ojos e hizo una pequeña reverencia bajando su cabeza, en la medida que su captora se lo permitía, me agradecía los años de amor, cuidado y protección. Después la noche se lo tragó. Emití un rugido de dolor de madre que invadió toda la planicie y me dije ha muerto el hijo de Zemek el león más grande.

Sasha se acercó y se puso debajo de mi cuerpo. Sobre el tronco pasamos toda la noche y el sol de la mañana hizo que las hienas se dispersaran, para que pudiésemos regresar a casa.

Las leonas asombradas por la crudeza de los hechos narrados, no emitían sonido, todas se solidarizaban con el dolor de Lara, ya que la mayoría son madres.

Al culminar la dramática historia. Lara se sentía abatida y quería estar sola, se separó del grupo. Ya comenzaba a oscurecer y con pasos lentos, con la cabeza y la cola que termina en una mota negra, gachas buscó refugio en unos arbustos.

LA ARAÑA CANT

Había oscurecido y la luna como una lámpara encendía el cielo. Lara miraba hacia el cielo, cuando en los arbustos vio el reflejo que desprendía un hilo de plata que descendía de una rama de mediana altitud, se dispuso a seguir la trayectoria del hilo de plata y se sorprendió al ver que del extremo final del hilo descendía sigilosamente una enorme y repugnante araña de color negro brillante.

Rápidamente y con una cortesía insuperable la araña se presentó.

-¡Buenas noches! Mi sufrida amiga Lara, mi nombre es Cant. He viajado por todo el mundo, soy un conocedor, por ende conozco a todas las especies y sus padecimientos, así que entiendo tu dolor.

-¿Cómo sabes mi nombre y la causa de mi dolor. –replicó inmediatamente Lara-.

–  En el mundo todo es información, y quien no persigue la información no puede subsistir. Lo sé y es lo importante.

–  Además –agregó Lara- mi dolor no tiene remedio es producto del azar.

–  Lo que sucede mi querida felina, es que has preservado tu estado natural, y no lo sabes. Pero existe una especie sobre la tierra, el simio lampiño, esta especie descubrió el lenguaje, la razón y la deducción, para poder superar a bestias salvajes como tú. A partir de ese momento comenzó lo que llamaron la evolución cultural, que culminó con la ilustración. El simio lampiño es un experto en el arte de pensar, llegó a la luna y cura casi todas sus enfermedades, ahora viven más tiempo. El concepto y la razón los dominan y su ley fundamental es: «piensa bien y vivirás bien».

–  Oye Cant, conozco la especie de que me hablas, ellos vienen aquí aniquilan animales o nos desnaturalizan para circos y ferias. ¿Qué me puede enseñar una especie tan ruin como esa?

–  Mi gatita, el simio lampiño a través de sus razonamientos elaboró un sistema de compensaciones, el ojo por ojo y diente por diente. Ellos desarticularon los hechos en causa y efecto, y asignaron responsabilidades, para darles castigo a los autores de determinados hechos, a los que llamaron culpables.

–  ¿Me quieres decir que la hiena tuerta que puso fin a la vida de Etienne, debe recibir un castigo que compense el dolor que sufro?

–  El nombre de lo que merece la hiena tuerta, para el simio lampiño varía, para algunos es karma, para otros es pecado, para otros es culpa. Pero la obtención de tu compensación se conoce como venganza.

– Me sugieres que tomé venganza contra la hiena tuerta.

-¿No fue Etienne el hijo del león más grande de África, del más fuerte, de Zemek? Aprovecha esa circunstancia y embelezate en el dulce néctar de la venganza. Desde que el simio lampiño la abrazó no ha podido despojarse de ella, es la más tentadora meta, si le hincas el diente jamás te arrepentirás.

Con estas palabras carcomiendo su mente Lara fue a dormir junto a Sasha.

EL ARRIBO DE ZEMEK

Un nuevo día daba inicio en Kenya, el sol retorna eternamente como todas las mañanas, las aves surcan el cielo en señal de que la faena da comienzo. Lara, Sasha y las demás leonas estiraban los músculos de sus patas, extendiendo cada pata por separado.

Inesperadamente, detrás de una gigantesca roca aparece la figura de Zemek, el padre de Etienne.

Zemek es el león líder de la manada, es un ejemplar inigualable, ostenta una melena espumosa y con un color rojizo brillante, su cuerpo elástico y los músculos en sus patas se definen con cada paso que apoya en el suelo, el pelo que cubre su piel asemeja a que estuviese vestido de seda, sus ojos muestran un radiante color ámbar y transmiten una seguridad de emperador. Su rostro en general refleja una sabiduría y tranquilidad con aires filosóficos.

Zemek se aproxima a Lara y con gentil sutileza roza su rostro por el cuello de Lara, y le dice.

–  ¿Lara qué te sucede, no luces bien, tu rostro está desencajado?

–  Zemek te informo que tu hijo Etienne, fue muerto por una hiena tuerta – le dice Lara con un tono de recriminación-.

Zemek bajó la cabeza y resopló sobre el suelo, una pequeña nube de polvo rodeó su cabeza.

Lara sin perder oportunidad le relató todo lo sucedido, como a las leonas. Después no dejó de transmitirle su conversación con la araña Cant, por último, Lara apretó los dientes y le dijo con una voz cargada de una vehemencia extraordinaria.

-¡Quiero el invento del simio lampiño! ¡Quiero venganza! Zemek eres el león más fuerte, organiza a un grupo de leones y leonas, no quiero descansar hasta ver muerta a la hiena tuerta.

Zemek suspiró la miró a los ojos y le dijo.

– Calma Lara, camina junto a mí, demos un paseo. Caminar es la mejor manera de aclarar tu mente.

Lara temblaba de ira y de inmediato le espetó.
-No perdamos tiempo la hiena puede huir, no me digas que tienes miedo, es que el gran Zemek es un cobarde.
Zemek la miró con una quietud amorosa, comprendía el dolor que la azotaba y con tono firme pero sereno comenzó a hablar.

–  Lara, la araña Cant te hizo caer en la trampa en la que está sumido el simio lampiño y la que lo llevará a la destrucción como individuo y como especie.

–  Zemek –de improvisto lo interrumpió Lara- toda ofensa merece compensación, acaso no es eso justicia.

–  Lara escúchame, tal como escuchaste a Cant. La justicia es un ideal, un concepto inventado por el simio lampiño, en la naturaleza no existe, por ende es inalcanzable, se equipara a este cielo que tenemos perennemente sobre nuestras cabezas, es precioso, elevado, pero siempre por encima de nosotros. Lara este mundo es una constante pugna de fuerzas, que se desplazan, se transforman, se consumen, se acumulan y compiten. Y justicia es que cada quien de lo que quiera dar. Lo que te sucedió aquella noche es una consecuencia natural de la competencia entre enemigos, nuestros instintos como animales hacen que enfrentemos a las hienas y viceversa. Las hienas te excedían en número y tus fuerzas no podían superar las fuerzas de las hienas, lograste demasiado con rescatar a Sasha y sobrevivir. El simio lampiño es súbdito de la razón y el deducir lo ha hecho esclavo del beneficio y del rendimiento. Así que sus impulsos más íntimos, aquellos que va con su esencia más propia y natural, son menospreciados y sustituidos por la constatación del pro y la contra ante cada acontecimiento. Para ellos todo es producción, beneficio y representación, extraviaron su espontaneidad y con ella la posibilidad de una vida espontánea. Ahora parecen un roedor hámster confinado en su rueda giratoria, así trabajan infinitamente para acceder a las cosas que la sociedad les dice que los hace valer, y ellos creen tener valor por las cosas que tienen, por eso persiguen el dinero, para adquirir cosas lujosas. El simio desnudo prefiere ver morir a su padre que perder una fortuna. Persiguen el poder, para tener la sensación de dirigir y dominar a los demás y persiguen la fama, un nuevo valor moderno con ocasión a los medios de comunicación, porque creen que ser conocidos los hace superiores. Otros sólo quieren seguridad a ultranza, para extender su vida, pero cumpliendo las mismas funciones que cumplen los simios lampiños que entierran a dos metros bajo tierra. Por esto, viven vidas marchitas, enlatadas, enjauladas y se sienten cansados, hastiados y perdidos. No encuentran salida a tanta pesadez. La salida está en cada uno de ellos, en reencontrarse con su naturalidad perdida, aproximarse a sentir la vida no a pensarla, a escuchar los pensamientos del cuerpo, congraciarse con los que los revitaliza, lo que les proporciona más energía y a mayor energía, mayor vida.

– No es peligroso eso que me dices –reflexionó Lara-. Si ellos dejan de calcularlo todo, se conectan a lo que verdaderamente sienten y subordinan la razón a sus sentidos, sólo como un instrumento para vivir lo que sienten espontáneamente, como nos sucede a nosotros en la naturaleza, ¿no sería el fin de toda la humanidad?

Zemek miró hacia la planicie, moviendo sus ojos, sin mover la cabeza, y después continuó la conversación.

–  Lara alguna vez has visto que algún león lance a treinta cebras por un precipicio, para intentar garantizar la subsistencia de sus nietos. Alguna vez has visto a un cachorro intentando aniquilar a una manada íntegra de su misma especie.

Es que acaso no sabes que en los primeros simios lampiños, los que vivían en tribus y que permanecían en contacto con su naturaleza no existía la demencia. No te percatas que ahora, los simios lampiños no tienen guerras ofensivas, todas sus guerras son defensivas y justificadas razonablemente.

–  Entonces, ¿deben los simios lampiños atacar a sus enemigos naturales?

–  Lara los simios lampiños a diferencia de nosotros no tienen un instinto contra algún enemigo. El enemigo de los simios lampiños es ellos mismos. Al eclipsar a su naturaleza por medio de la razón, negaron lo que su intuición y sentidos les decían, así han garantizado su multiplicación, pero en condiciones nefastas, como bueyes atados a arados.

–  ¿Qué hago con el dolor y el sufrimiento de leona madre?

–  Desprenderte del bacilo de venganza que inyectó en tu sangre por medio de razonamientos la araña Cant. Ese bacilo envenenó tu naturaleza. En la existencia de los seres vivos el azar te coloca ante circunstancias en las que tus fuerzas se imponen y circunstancias en las que tus fuerzas menguan y son incapaces. En la lucha con las hienas demostraste una férrea voluntad, desplegaste toda la disposición de lucha por lo que te correspondía, salvaste a Sasha y a ti misma, para seguir cuidando de ella. Si les das cabida a la venganza, entonces tus fuerzas no van destinadas a tus propósitos sentidos, sino que las inviertes en una revancha antinatural que incluso podría llevarte a perder la vida y dejar a Sasha desamparada. Lo que quiero hacerte saber es, que debes vivir y hasta morir por el dictado de ti misma, pero de enfrascarte en la venganza, te desvías de tus postulados naturales y te entregas a una satisfacción de revancha inalcanzable.

–  ¿Entonces Zemek en la existencia siempre habrá dolor?

–  El dolor es inevitable, de allí la importancia de sufrir por lo tuyo. Las hienas te atacaron y mordieron, con valentía lo asumiste, peleaste por la natural devoción a tus cachorros. El azar impidió que tus fuerzas fueran superiores para salvar a Etienne, eso escapa a ti. Etienne lo sabía, por eso hizo aquella reverencia en el último momento de su existencia.

–  Entonces, el simio lampiño no nos ha superado –Lara lo interrumpió-. Razona tanto que se perdió en medio de vidas y circunstancias que no le pertenecen. Él es esclavo de la riqueza y como una mula sólo sabe llevar carga sobre su lomo, para hacer lo que los demás esperan de él. Perdió la sinceridad hacia él mismo, al ser contaminado por el bacilo de venganza, nunca se saciaran la sed por la guerra, ya que rompieron el equilibrio natural de las luchas, evitando las luchas naturales por intervención de la humanidad.

Y al violentar a la naturaleza, ésta regresa siempre, pero se manifiesta en catástrofes y aniquilamientos inconmensurables, como los que el simio lampiño ahora experimenta.

– Ahora sabes que la naturalidad de la intuición, lo irracional de lo sentido, es la opción, y la razón debe subordinarse a ese canal de espontaneidad de cada ser, a su voluntad irresistible.

LA EMBESTIDA NATURAL

En ese preciso momento de la conversación de Zemek y Lara, en una pequeña loma cercana una vieja hiena penetró el territorio de la manada de los leones. Zemek de inmediato dio un salto de casi tres metros, y con una velocidad asombrosa inició la persecución, su melena se batía en el viento, mientras que sus patas lo impulsaban como una locomotora. La hiena se percató tardíamente de la embestida de la fiera, inició su huida con una maniobra en zig-zag, así pudo eludir el primer zarpazo del imponente León, pero Zemek corrigió el curso y se le abalanzó, hincó sus colmillos en el lomo de la hiena, giró y sin soltarla proyectó el cuerpo de la hiena en el aire, la batió contra el suelo y se escuchó un crujido seco, como el de una rama al quebrarse, pero atamborado. Zemek le fracturó el cuello a la hiena, y la dejó en la llanura. Los ojos de la hiena permanecían abiertos y con una sensación de pánico imborrable.

Zemek con la respiración agitada se acercó a Lara, y le dijo.

– Lo que acabo de hacer no es una venganza, es el despliegue de mi instinto natural de león, la inversión de mis energías en mis propósitos sentidos, en mi instinto y en mi voluntad irresistible, jamás dejes que el bacilo de venganza fluya en tu sangre o estarás perdida. Tal como lo está el simio lampiño, él perdió el amor propio. Su cultura, su política y su religión se lo arrebataron. Y ahora intentan como una pulga colocarse una inmensa lupa delante de él, para hacerse ver más grande de lo que realmente es. Esa lupa es la seguridad a toda costa. El dinero no como satisfacción de sus verdaderos propósitos, sino como obtención de lo que vale para todos. El poder, como dominación de muchos. Y la fama, como el reconocimiento de las masas. Pero la imagen que proyecta la lupa es grotesca, porque una pulga agigantada, no es más que un insecto horrible. El simio lampiño que se reconcilie con él mismo y reúna la fuerza para vivir en su voluntad irresistible, será capaz de escuchar a su cuerpo y darse sus valores, de no hacerlo son simples figuras de cartón que deambulan por calles y avenidas y son parodias de lo comúnmente aceptado. ¡Que jamás la araña Cant y su basura te toquen de nuevo!

Lara sintió una brisa fresca en su corazón, Zemek le había hecho recuperar su vida y la gratificación de vivirla por los propósitos innatos de leona, cuidando a Sasha, en su esencia natural, sentida y espontánea. Lara lentamente se acercó a Zemek, lamió su mejilla con ternura y le dijo.

-Zemek definitivamente eres EL LEÓN DE VENECIA.  @piedraconaletas

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