FIGTH CLUB Y EL MIEDO AL MIEDO

Vamos a comentar la adaptación al cine de la novela de ficción transgresora “The Figth Club”, escrita por Chuck Palahniuk y dirigida por David Fincher.
Nuestro protagonista Jack -Edward Norton- es un investigador de accidentes para una compañía de automóviles que padece de insomnio. Para intentar solucionar su problema solicita a su médico que le recete alguna droga que le ayude a dormir. Éste se niega y le recomienda que se reconcilie con el sueño de manera natural. Jack se queja y le dice que está sufriendo, el doctor, le replica que “sufrimiento” se ve en los grupos de apoyo para los enfermos de cáncer testicular, a los cuales, le anima a acudir.
Jack se declara esclavo del “instinto anidador” y cómo la decoración de su apartamento “debía” por imposición, corresponder con quién es él. De esta manera, Jack aspira a establecer cierto grado de seguridad, a través de la instauración de un entorno confortable y cómodo, acorde consigo mismo -necesidad de “apariencia” de seguridad-.
Jack declara al respecto: “Si veía algo ingenioso como una mesa en forma de Yin Yan tenía que tenerla”. La anterior declaración la dio sentado en el inodoro, mientras ojeaba una revista de muebles por catalogo, con habitaciones totalmente equipadas al estilo de la tienda “Rooms to Go”.
La publicidad incentiva al consumidor a imaginar el ambiente generado al detalle en el catalogo, y construir ese ambiente en el espacio en que vive. Casi como una garantía de felicidad automática, asumida por la armonía en la concepción de la decoración de la habitación.
Aquí, la película presenta un aspecto artístico interesante, cuando muebles, artículos decorativos, máquina de ejercicio y precios se disponen en la habitación semejando un catalogo de muebles superpuesto en el espacio de la misma. Ena este momento la cámara gira alrededor del área, incluso observamos en la pantalla una breve descripción del mueble o artículo decorativo, escrita como en los catálogos publicitarios. Jack, concluye diciendo que lo tenía todo, hasta una vajilla transparente con burbujas.
Nuestro protagonista comienza a acudir a los grupos de apoyo para los enfermos con cáncer testicular. A los participantes les colocan en la parte superior derecha de su pecho una etiqueta autoadhesiva en la que se lee la palabra “Hello” y debajo se escribe con marcador el nombre del participante. Sirven café y donas. El propósito es colaborar a soportar una terrible pena, compartiéndola con personas que atraviesan sufrimientos semejantes.
Después de algunos meses en la terapia de grupo, Jack abraza sentidamente a un desconocido, a “Bob”, quien había abusado del uso de esteroides y practicó fisicoculturismo en su juventud. Bob, como consecuencia de su adicción y la remoción de sus testículos, desarrolló senos prominentes. En esta sesión Jack abrazado al obeso, imponente y desconocido Bob. Dejó salir su dolor e impotencia, se soltó y comenzó a llorar como un niño desconsolado, sobre el pecho de su madre. Empapó con sus lagrimas la franela de Bob. Sólo así encontró la libertad. Porque: “perder toda esperanza, era la libertad”.
A partir de este momento Jack puede dormir. Aliviados sus problemas de sueño, se vuelve aficionado a estos grupos de apoyo. Acude a las reuniones para distintos padecimientos y enfermedades, varios días a la semana.
Nuestras sociedades, se han hecho cada vez más insensibles; cada vez menos participación de los sentidos en nuestras vidas; las personas no sabemos tocarnos; abrazarnos; ni aproximarnos como seres humanos. En fin, ya no sabemos cómo amarnos. Estamos ante una suerte de “pérdida colectiva de nuestras potencias espirituales”.
Jack acudió a estos grupos terapéuticos en la búsqueda desesperada de un contacto espiritual. Contacto que lo acercara a otros seres humanos sensibles. Con quienes simplemente conectarse en un abrazo y en el llanto.
Todo va de maravilla. Jack duerme como un bebé y se expresa con seres humanos sensibles. Hasta que aparece Marla Singler -Helena Bonham Carter-, quien como Eva, llegó para expulsar a Jack de su paraíso. Esta mujer fatal provocó que Jack dejara de sentir, por lo que dejó de llorar y por ende de dormir.
Marla, no hizo más que desenmascarar a Jack y su estratagema. Sus encuentros con los enfermos en los grupos son artificiales. No son producto de compartir un dolor auténtico, porque Jack no sufría de cáncer. La carencia de emociones auténticas, hizo que las buscara en cualquier lugar, sin importar cómo recurrir a ellas. Lo único importante es estar ante emociones cuando carecemos de toda expresión emocional.
Marla expuso ante Jack su charada. Ahora, ambos recurren a un ardid en la avidez de intentar sentir que aún son seres emocionales, a pesar, de que viven sin emociones. Sin percatarse derriban una nueva máscara en el camino del descubrimiento de su ser.
Cuando Jack vuela de regreso de un viaje de negocios, conoce a su compañero de asiento en el avión Tyler Durden -Brad Pitt-. Como en estas reflexiones lo que nos interesa es el planteamiento existencial de la película, pasamos a revelar de inmediato -spoiler a la vista-, lo que los espectadores del “film” descubren mas tarde.
Palahniuk recurre a la alteridad, es decir, que Jack y Tyler en realidad son la misma persona. Jack se divide en dos personas unidas en un solo cuerpo. Como precio por su adaptación a la sociedad. Jack es el sujeto que no expresa sus sentimientos, que siempre está más preocupado por encajar que por existir, que colma todas las reglas tanto sociales como laborales, pero a pesar de todo siente un vacío. Entonces, genera secreta o subterráneamente su alter ego -Tyler-. Tyler, por el contrario, es el tipo audaz, desinhibido, irreverente, que sabe lo que quiere y se arriesga a vivir. Que valora la experiencia y la sensibilidad.
En la Modernidad, especialmente en los últimos cuatrocientos años, como consecuencia de la revolución industrial; el auge del consumismo; la imposición de ideales de la revolución francesa universales y absolutos. El culto a la razón y al pensamiento deductivo, han dado como resultado ineludible la creación de dos mundos, los cuales de manera muy sencilla intentaré esbozar.
Por una parte, tenemos el mundo del pensamiento, cargado de rutinas y de prejuicios, y por la otra, el mundo de las sensaciones y la espiritualidad, a éste último accedemos a través de un poro de percepción sensible que tenemos obstruido, ese poro se presenta colapsado por el pensamiento deductivo, por la razón.
Pasemos a la división de esos mundos contrapuestos que dan origen a Jack y a Tyler. Si tenemos que definir una rosa, decimos que es una flor roja, por lo cual hemos hecho una abstracción -sacar o tomar- las cualidades más sobresalientes de la rosa, las que ineludiblemente la identifican sin representarla totalmente. Este mundo de la abstracción, es el mundo donde vivía Jack y del cual estaba despertando. Es el mundo de la utilidad y de la conveniencia como norma rectora. De la conclusión lógica como principio de acción. Por el contrario, Tyler vive en un mundo donde una rosa desprende un aroma perfumado, sus pétalos son suaves y aterciopelados; y sus espinas desgarran la piel y la hacen sangrar. Tyler vive en el mundo de las sensaciones y el instinto.
Nuestro mundo occidental vive prisionero en el mundo de las abstracciones, un mundo artificial que toma como fundamento total de la realidad rasgos superficiales, fríos y sin corazón de esa realidad. Lo más dramático es que toma esa parte fría y petrificada por el todo. Además, de imponerle a cada ser humano esa realidad como la única vida posible. Vale la pena invocar a Chuang Tzu: “Para ser espiritual es menester seguir al corazón”.
Cuando Jack regresa a su apartamento del aeropuerto, se encuentra que su residencia estalló como consecuencia de un accidente por un escape de gas. Una vez informado del percance por las autoridades, se dirige a una cabina telefónica y llama a Tyler. Se ponen de acuerdo para verse en un Bar, beben cervezas y en medio de la conversación Jack le confiesa a Tyler que cuando compra muebles piensa: “…éste sofá es el último que voy a necesitar, pase lo que pase el problema del sofá está resuelto”. Concluye diciendo que tenía un guardarropa muy respetable y un equipo de sonido. En esta frase Jack no hace más que reconocer la paradoja del consumo como vía exclusiva de satisfacción para el ser humano. Cuando esto sucede, el consumo es una suerte de monstruo capaz de sufrir metamorfosis, lo que lo torna insuperable como fuente exclusiva de satisfacción y propósito.
Hace veinte años la gente quería un Mercedez Benz, hoy quieren un Tesla. Hace veinte años, un aparato de televisión pantalla plana de sesenta pulgadas, no era el objeto que contenía la felicidad. Podías ser feliz con un televisor con una gran caja detrás de su pantalla, producto hoy obsoleto.
Cuando los seres humanos ponemos de manera total la vida en las cosas, se produce un fenómeno que nos ahoga por todas partes, la pérdida colectiva de la espiritualidad. Cuando la vitalidad está en las cosas, está fuera de tu cuerpo, la vida se transforma en una vida sin órganos -una vida disecada-. La existencia está sustentada sólo en abstracciones (rosa = flor + rojo). Lo anterior, el concepto de “rosa”, no implica que interactuemos sentidamente con la rosa.
Si con la rosa interactuamos para oler su perfume, sentir sus pétalos y nos desgarre la piel sus espinas. Estamos en el mundo sensible, fuera del mundo de la abstracción. Nos hallaríamos ante un mundo que nos pertenece. Que hemos reconocido como nuestro, como una vivencia, estuvimos en la “rosa”.
Jack, concluye su conversación diciendo que estaba casi completo, tenía ropa, equipo de sonido y muebles. Tyler le responde, que nunca va a estar completo y que deje de intentar ser perfecto, que hay que “evolucionar”, pase lo que pase hay que evolucionar.
La pareja de amigos salen del bar. A sus puertas Tyler le pide un favor a Jack. Que lo golpeé tan fuerte como pueda. Nuestros personajes se traban en una pelea callejera que los deja exhaustos, pero satisfechos, bebiendo cerveza sentados sobre la acera en plena calle.
Como vemos la carencia de percepciones sensibles, trae como resultado la necesidad imperiosa de sentir nuevamente los impulsos humanos. Que naturalmente vienen adosados a nuestros órganos como entidad viva y sufriente que somos. Como cuerpo que gana y pierde. Lo más importante es que mediante la percepción sensible recuperamos la dignidad fuera del mundo de las abstracciones.
En el mundo sensitivo de hombres y mujeres que sangran, sufren y se regocijan. Nos han inculcado un miedo insólito a sangrar y sudar, que al final de cuentas nos sustrae de la vida y nos inserta en el mundo desértico de la razón. Ya que ésta excluye a la sensación.
Volvamos a la película. Poco a poco, comienzan a unirse espontáneamente miembros al Club de la Pelea. Jack se muda con Tyler a una casa que pareciera abandonada y a punto de ser demolida, en la Calle Papel.
Los amigos pasaban la semana esperando las peleas de los sábados en la noche. Jack sostiene que todos los hombres llevaban por dentro el Club de la Pelea y que ellos sólo le pusieron nombre.
Cuando Jack y Tyler están habituados a las reuniones para pelear. Marla reaparece y llama a Jack por teléfono, le reclama su ausencia de los grupos de apoyo a los enfermos. Jack trata de deshacerse de ella, diciéndole que su nuevo grupo es exclusivo para hombres. Sin embargo, Tyler empieza una relación sexualmente tórrida con Marla.
Jack sin darse cuenta ha comenzado a abrirse a un nuevo mundo. El mundo de la percepción sensible, ha realineado su poro de la percepción, con lo cual sus prioridades y objetivos en el mundo material cambian drásticamente. En la oficina donde trabaja, deja accidentalmente en la fotocopiadora una hoja de papel, en la cual aparecen escritas las reglas del Club de la Pelea.
Su jefe ataviado con una pulcra corbata amarilla lo confronta, para exigirle explicaciones por el extraño papel. Jack con una mirada desafiante, se levanta pausadamente de la silla de su escritorio, camina hacia su jefe y le dice que en su lugar sería muy cuidadoso con quien hablar acerca de ese asunto, porque la persona que escribió en ese papel es peligrosa y puede perder la cordura. Es una persona capaz de caminar de oficina en oficina con un arma semiautomática disparando cartucho tras cartucho a compañeros de trabajo, que tal vez es alguien que conoce desde hace años, alguien cercano. Jack sostiene su tomo desafiante.
Las palabras lanzadas por Jack a su jefe, no hacen más que anunciar el estallido como una olla de presión del sujeto adaptado -el antiguo Jack sin el Club de la Pelea-, a quien le han arrebatado todo el poder sobre su vida. Y cargado de resentimiento, recupera ese poder de manera trágica y vehemente.
El nihilista de la destrucción es quien inesperadamente, utiliza su posición para aniquilar. Ejemplo característico que quedo plasmado en la clasificación del nihilismo en el libro “Portarretrato de una Voluntad Irresistible”, de la manera siguiente: “…Él llegó a la cima, pero de alguna manera se percató del sinsentido de su lucha, engendrándose la máquina asesina perfecta que conoce desde dentro la sociedad del cinismo y de la máscara, porque es un engendro de su vientre. La ciencia, la ilustración y la razón confeccionaron sin proponérselo al anticristo. Es aquí cuando en graduado de Harvard comienza a poner bombas, el defensor de los derechos humanos a traficar con armas, el sacerdote del pueblo vende drogas.”
Tyler se convirtió un una especie de mito urbano y en una de las reuniones de los miembros del Club de la Pelea, comienza a dar una charla acerca de la situación de sus miembros. Les dice que son los hijos medianos de la historia, sin propósitos, ni logros, ya no tenemos –dice- «una gran guerra ni una gran depresión” -refiriéndose a la caída de la bolsa de valores de Nueva York del 24 de octubre de 1929-. Aquí surgen unas palabras a las que hay que prestar mucha atención en el discurso de Durden “…nuestra gran guerra es espiritual y nuestra gran depresión es nuestras vidas…”.
Como ya lo dijimos, la vida en el mundo de las abstracciones y de la razón nos ha desalojado de una vida con el corazón, entendida esta vida, como la pasión que vincula nuestras acciones con nuestros sentidos. Esta vinculación nos hace redefinir nuestros parámetros fuera del mundo de la abstracción. Entonces la razón, deja de ser la norma impositiva y rectora de la vida, sino que por el contrario, pasa a ser herramienta o vehículo para la realización de una vida sensible y espiritual, por lo que no decirlo “artística”.
Cuando tenemos el valor de asumir una vida sentida -Voluntad Irresistible-, entonces, hemos rescatado la espiritualidad. Debo recalcar que cuando habló de espiritualidad, no me refiero al abrazo de un mundo metafísico o inmaterial, me refiero a la valentía de darle valor a nuestro ser, a través del enaltecimiento de las percepciones sensibles, que a lo largo de la existencia nos procuran regocijo. Sin ser por ello necesariamente hedonistas.
El mundo inmundo del cálculo y la conveniencia nos ha dejado vacíos con una gran e irresoluble depresión en nuestras almas, con una pérdida colectiva de la espiritualidad.
El llamado es para recuperar nuestra vida vital, a través de la acción sentida. Observándonos a nosotros mismos y evaluando cuándo conspiramos, junto a cuáles personas, cosas o actividades. Cuando lo hallemos, sí aplica el vehículo de la razón para materializar percepciones sensibles persistentemente en nuestras vidas.
Sólo así podremos librar la gran guerra espiritual, para llorar y reír en una vida que nos pertenezca desde las entrañas. Una vida de “piedra con aletas”. Rememoremos al gran Rousseau: “Vivir no consiste en respirar, sino en actuar, en saber hacer uso de nuestros órganos, de nuestros sentidos, de nuestras facultades, de todas las partes de nosotros mismos que dan el sentimiento de nuestra existencia. El hombre que más ha vivido no es el que tiene más años, sino el que más ha aprovechado la vida.”
Tyler fundamenta nuestro estado de depresión diciendo: “…Nos han criado viendo televisión, creyendo que algún día seríamos millonarios y estrellas de cine o de rock, pero no lo seremos y poco a poco nos estamos dando cuenta de ello, por lo que estamos muy molestos”.
Al finalizar su discurso, se presentan en el sótano del bar en el cual se realizan las peleas, un par de mafiosos. Uno de ellos dice ser el propietario del local -La Taberna de Lou-. Inmediatamente interroga a Tyler, para averiguar quién les cedió el local. Tyler responde que se arreglaron con Irvine. ¿Cuánto dinero por esto? Prosigue el mafioso. No hay nada dice secamente Durden y lo invita a que se una al Club de la Pelea. El mafioso con traje, corbata y con acento italiano, le da sin pensarlo un golpe seco en el estomago. El mafioso le dice que lo quiere fuera del local y vuelve a golpear en el rostro a Tyler, le parte los labios y éste comienza a sangrar. Los compañeros del Club de la Pelea se inquietan y el otro mafioso que acompaña a Lou -el dueño del local- saca una pistola.
Tyler levanta una de sus manos para que nadie intervenga, después comienza a reírse con tono socarrón y le dice a Lou que le gusta mucho el lugar. Lou responde con una patada, Tyler no para de reír acostado bocarriba sobre el suelo. Lou continua con la paliza sobre el rostro, al tiempo que Tyler le dice: “Sácalo todo Lou”. Tyler sorpresivamente se lanza sobre Lou y lo salpica con la sangre que brota de sus labios y rostro, sacude su cabeza para que una lluvia de gotas de sangre chispeen sobre la ropa del mafioso. Mientras el ayudante armado toma a Tyler por los tobillos, en un intento desaforado de zafarlo de encima de su jefe. Al final, el mafioso asqueado por la sangre y sorprendido acepta ceder el sótano del bar como lugar para las peleas de Tyler.
Nuestra sociedad discrimina, ataca, censura y excluye para mantener encajonados a sus miembros, así se originó la sociedad del miedo. El miedo como factor paralizante es el resultado de nuestra sociedad razonable, que instala el miedo en el alma para neutralizar a sus miembros. Tyler en esta escena le demuestra a esa sociedad que, él perdió el miedo a sus postulados de presión.
Una de las almas artísticas más sublimes de la historia de la humanidad el poeta Holderling, arribó a una interesante conjetura acerca del miedo cuando dijo: “Yo no tengo miedo a lo que hay que temer, sólo le tengo miedo al miedo”.
El autor de este artículo y sus lectores somos hijos de la era de la razón. Por ende vamos a aportar razones para fundamentar la exposición de nuestra ideas:
El miedo como emoción se transmite en el organismo de dos maneras, a) Por vía inferior e inconsciente en la amígdala cerebral -glándulas antiguas evolutivamente hablando-, esto ocurre cuando vemos una culebra, de forma instintiva nuestro organismo ante el estímulo genera miedo; y b) Por vía superior y consciente en la corteza cerebral o parte exterior del cerebro, esto ocurre cuando deducimos escenarios hipotéticos, y se genera como consecuencia de los razonamientos el miedo. Por ejemplo: si me despiden de mi trabajo, no cotizaré para mi pensión de vejez, a los setenta años no tendré pensión para mantenerme. Esta es una sensación de miedo generada por la razón.
Los hombres y mujeres modernos han incrementado insospechadamente la generación de miedo por la vía superior -razonando-, de allí el llamado de Holderling de temer a lo que hay que temer “la culebra”, y desembarazarnos del miedo al miedo, del miedo generado por el pensamiento deductivo, “la pérdida de la pensión de vejez”.
Juan Jacobo Rousseau nos aconseja, para combatir el miedo al miedo, producido por la articulación razonada: “En cuanto a mí por más que sepa lo que sufriré mañana, me basta con no sufrir hoy para estar tranquilo. No me afecta el mal que preveo, sino sólo el que siento, y esto lo reduce a muy poca cosa.”
La necesidad de destrucción de Tyler lo lleva a conformar un grupo comando de ataque a la sociedad con los miembros del Club de la Pelea, quienes en la ciudad destruyen bienes y generan incertidumbre, todo como una necesidad de imposición de poder a quienes viven sujetos a la adaptación a toda costa, para lo cual a los miembros se les asignan trabajos especiales.
En uno de los trabajos asignados, Tyler ingresa a una tienda de conveniencia, amenaza al dependiente con un revólver, lo saca a la parte trasera de la tienda, donde Jack los espera. Pone al dependiente de rodillas. Le apunta con el arma de fuego detrás de la cabeza. Le pide su cartera. Lee en los documentos personales el nombre y la dirección donde reside la víctima. Después, le advierte a Raymond -El dependiente- que va a morir, éste entre sollozos comienza a imaginar su fin. Tyler encuentra en la cartera una tarjeta universitaria de identificación vencida y lo interroga: “¿Qué estudiaste?”, a lo que responde: “Biología”, luego Tyler monta el martillo del revolver e insiste: “…Raymond ¿Qué querías ser?”. Raymond no responde y Jack se desespera ante la amenaza de Tyler de liquidarlo y le implora a Raymond que responda. Raymond en llanto dice: “veterinario”. Demasiado estudio que prefieres morir, le replica Tyler. Después desmonta el martillo del arma. Se acerca a Raymond y hablándole al oído, le dice: “…Sé donde vives, si no estás estudiando para ser veterinario en 6 semanas te mato”.
¿Qué hace Tyler en esta escena?… Como nos domina la sociedad del miedo, Tyler le creó a Raymond un miedo superior al miedo al futuro. El miedo por la pérdida de la vida. Para que viviera la vida que quería honestamente vivir, y no el sometimiento de su ser a vivir para trabajar como una hormiga gigante, rutinaria y embrutecida que va de la casa al trabajo y viceversa sin una chispa de creatividad sensual en su existencia.
Para finalizar, con la escena del dependiente de la tienda, Jack requiere a Tyler, y le cuestiona: “¿Qué ganaste?”. A lo cual responde: “Mañana será el día más feliz en la vida de Raymond. Su desayuno, sabrá mejor que cualquier comida que jamás haya probado”.
Después de una explosión en una tienda de venta de computadoras, Tyler dice a la cámara: “Tú no eres tu trabajo, no eres la cantidad de dinero que tienes en el banco, no eres el vehículo que manejas, no eres el contenido de tu cartera, no eres unos pantalones Khakis, tu eres la materia fecal obediente del mundo.”
Tyler se da cuenta del drama y el peligro de llevar la existencia sin sensaciones espirituales. Porque el mundo de la razón y la abstracción lleva al absurdo, al cansancio y a la futilidad de todo propósito. Lleva a la destrucción personal del ser humano y colectiva de su raza.
Comienza el reclutamiento y preparación de un grupo comando para sembrar el caos y la destrucción. Bob el hombre que abrazó a Jack para que llorara en los grupos de enfermos de cáncer de testículos, se unió al grupo comando y luego de una tarea asignada recibió, un disparo en la cabeza que acabo con su vida, de un policía.
Tyler desaparece y Jack intenta localizarlo, hasta que en una conversación telefónica con Marla, descubre que él y Tyler son la misma persona.
Jack se unifica al final de la película, cuando para librarse de Tyler se dispara por la boca y la bala sale por la mejilla.
Marla le pregunta cómo está y el responde que bien. Que todo va a salir bien. La pareja se encuentra en una oficina de un rascacielos, a través de los cristales observan tomados de la mano el espectáculo que ofrece la explosión de los edificios aledaños en el centro financiero de la ciudad. Como consecuencia del estallido en sus sótanos de vehículos tipo van cargados de nitroglicerina, y se escucha la banda sonora de la película cuyo tema dice: “…where is my mind…”.
Jack logró la reunificación en un solo cuerpo de sus sentidos, sus sentimientos y su razón. Somos seres fragmentados, escindidos y dispersos, debilitados por estructuras y sistemas, por ello al igual que Jack la reunificación es dolorosa porque somos seres sufrientes.
“The american way of life” nos lleva a tomar las decisiones en los escenarios de menor daño razonable. Lo que nos convierte en seres acomodaticios, conformistas, mediocres y adaptados. Palahniuk dibuja magistralmente en la película el estado de desconcierto que nos ahoga, pero yerra garrafalmente en la solución o salida, porque nos hace inferir que triunfa el sentido común en Jack. Ese sentido común que es prisión y que hay que vencer.
¿Tuvo temor el novelista de darle rienda suelta a la sensualidad de Tyler? ¿Esa sensualidad desbocada descubriera el sinsentido de la razón y buscara la destrucción? Este cuestionamiento se lo dejamos al espectador, sólo me resta aportar: La matematización de la vida es su pérdida, sólo los sentidos salvan…
@piedraconaletas

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